Cada invierno, cuando un sistema frontal golpea a la Región de Ñuble, la escena vuelve a repetirse. Caminos cortados, sectores aislados, miles de clientes sin suministro eléctrico, problemas en las telecomunicaciones y familias que, en cuestión de horas, quedan prácticamente incomunicadas. La pregunta ya no es si ocurrirá, sino cuándo volverá a suceder.
Y con ello surgen las mismas interrogantes: ¿Quién responde? ¿Cuáles son las verdaderas prioridades? ¿Cuánto más habrá que esperar? ¿Está realmente avanzando Ñuble en materia de infraestructura y prevención?
Más allá de la intensidad de las lluvias o del viento, los expertos coinciden en que Chile convive con fenómenos naturales que forman parte de su geografía. El investigador del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR)2, Roberto Rondanelli, lo resumió en una frase que invita a la reflexión: «La gente se olvida que en los 90 todos los años quedaban poblaciones completas bajo el agua».
Sus palabras abren un debate mayor. ¿Estamos enfrentando eventos más extremos o simplemente estamos ocupando espacios que históricamente pertenecieron a ríos, esteros y humedales? ¿Se ha construido donde no debía construirse? ¿La fiscalización sobre zonas de riesgo ha sido suficiente? ¿Basta con parcelar un terreno para que termine convertido en un loteo habitacional?
Son preguntas que vuelven a aparecer cada vez que un río se desborda o que el mar recupera parte de su espacio natural.
La otra emergencia: quedarse incomunicados
Pero si hay una realidad que golpea especialmente a Ñuble es la fragilidad de sus servicios básicos.
Basta una lluvia intensa para que extensos sectores queden sin energía eléctrica y, junto con ello, desaparezca también la señal telefónica. En muchas comunas rurales, perder la electricidad significa perder prácticamente toda posibilidad de comunicación.
Aquí surge otra serie de interrogantes.
¿Ha existido la inversión necesaria para fortalecer la red eléctrica? ¿Las empresas distribuidoras están respondiendo a las necesidades de una región altamente rural? ¿La Superintendencia de Electricidad y Combustibles fiscaliza con la rigurosidad que esperan los usuarios? ¿Las compensaciones por prolongados cortes realmente llegan o los procesos terminan siendo tan burocráticos que muchas personas simplemente desisten de reclamar?
Una realidad distinta al resto del país
La situación cobra especial relevancia considerando que Ñuble posee la mayor proporción de población rural de Chile.
Según cifras respaldadas por el Gobierno Regional de Ñuble, el 30,6% de sus habitantes —más de 150 mil personas— vive en sectores rurales, una característica que convierte a la región en especialmente vulnerable frente a interrupciones de servicios básicos.
En muchos hogares del campo el agua potable no llega por una red urbana. Se obtiene mediante pozos profundos o punteras que funcionan gracias a bombas eléctricas.
Cuando se corta la luz, no solo se apagan las ampolletas.
También deja de salir agua.
Y si además falla la telefonía móvil, realizar un reclamo o pedir ayuda se vuelve prácticamente imposible.
Más que palabras
Cada emergencia viene acompañada de balances, reuniones de coordinación, recorridos de autoridades y anuncios de futuras inversiones. Sin embargo, la sensación de muchas comunidades es que los problemas estructurales permanecen prácticamente intactos.
Las familias siguen pagando por servicios que, en algunos sectores, permanecen suspendidos durante horas, días e incluso semanas. Mientras tanto, la incertidumbre vuelve a instalarse cada vez que los pronósticos anuncian un nuevo temporal.
El desafío pendiente
La discusión ya no parece centrarse únicamente en enfrentar las emergencias, sino en prevenirlas y reducir su impacto.
Fortalecer la infraestructura eléctrica, mejorar la cobertura de telecomunicaciones, asegurar sistemas de respaldo para sectores rurales, fiscalizar con mayor rigurosidad las construcciones en zonas de riesgo y desarrollar una planificación territorial acorde a la realidad climática aparecen hoy como desafíos impostergables.
Porque más allá de los discursos, Ñuble necesita respuestas concretas.
No se trata únicamente de resistir el próximo temporal.
Se trata de construir una región capaz de enfrentar estos fenómenos sin que miles de familias vuelvan a quedar aisladas, sin agua, sin electricidad y sin comunicación.
La pregunta, entonces, sigue vigente: ¿cuánto más habrá que esperar para que la infraestructura crítica se transforme en una verdadera prioridad?





