La discusión sobre un eventual aeropuerto para Ñuble volvió a instalarse con fuerza en la agenda regional, pero esta vez el debate no solo apunta a la conectividad aérea, sino también a las verdaderas urgencias que enfrenta la región. Mientras algunos sectores impulsan la idea de habilitar vuelos comerciales en el aeródromo Bernardo O’Higgins de Chillán, desde el propio Gobierno surgió una señal clara: hoy existen otras prioridades.
El encargado de poner freno a las expectativas fue el ministro de Obras Públicas, Martín Arrau, quien respaldó el informe técnico que descartó —al menos por ahora— la viabilidad de desarrollar operaciones comerciales permanentes en el recinto aéreo chillanejo. Su postura no pasó inadvertida y rápidamente abrió un nuevo frente político en Ñuble.
La controversia tomó más fuerza luego de que el gobernador regional Óscar Crisóstomo apareciera respaldando públicamente la iniciativa junto a figuras de Chile Vamos, entre ellos los diputados Cristóbal Martínez, Carlos Chandía y la diputada Sara Concha, cercana al mundo republicano.
La escena política dejó instalada una pregunta inevitable: ¿está Ñuble en condiciones de priorizar una inversión aeroportuaria cuando enfrenta profundas necesidades en salud, conectividad vial y desarrollo económico?
La salud se tomó la agenda
El debate no surge en un vacío. Durante las últimas semanas, distintos episodios dejaron en evidencia las dificultades que enfrenta la red asistencial de Ñuble.
Desde el Consejo Regional surgieron críticas por la lenta ejecución de proyectos orientados a reducir listas de espera y fortalecer la atención médica. Paralelamente, en Coelemu, una concejala levantó la voz denunciando la falta de ambulancias y de profesionales de salud para responder a emergencias, situación que volvió a poner sobre la mesa el déficit estructural que afecta a comunas rurales.
A ello se suma la expectativa por la pronta puesta en marcha del nuevo hospital regional, una de las obras más importantes para Ñuble, llamada a transformarse en el principal centro asistencial de alta complejidad del territorio, con moderna infraestructura y tecnología inédita para la región.
En ese contexto, las palabras de Arrau parecieron interpretar una parte importante del sentir ciudadano: antes de pensar en vuelos comerciales, muchos consideran urgente garantizar especialistas, ambulancias, atención digna y una red hospitalaria plenamente operativa.
¿Aeropuerto o necesidades urgentes?
Quienes defienden el proyecto aeroportuario sostienen que Ñuble necesita dar un salto en conectividad y competitividad. Argumentan que una región joven requiere infraestructura capaz de atraer inversión, turismo y nuevas oportunidades económicas.
El escenario económico tampoco ayuda. El cierre del ciclo remolachero tras la decisión de la empresa Iansa de poner fin a esa actividad productiva en Ñuble golpeó fuertemente al mundo agrícola y dejó incertidumbre respecto al futuro económico de cientos de familias vinculadas históricamente al rubro.
Para algunos actores políticos y empresariales, un aeropuerto podría transformarse en una señal de desarrollo y descentralización. Para otros, en cambio, hablar de vuelos comerciales mientras persisten problemas básicos en salud y seguridad parece una desconexión con la realidad cotidiana de la región.
Un debate que recién comienza
Más allá de la viabilidad técnica del aeródromo Bernardo O’Higgins, lo cierto es que el tema abrió un debate mucho más profundo sobre el modelo de desarrollo que necesita Ñuble.
¿Debe la región apostar por grandes obras de conectividad aérea? ¿O el foco debe estar primero en fortalecer servicios esenciales como salud, caminos y seguridad? ¿Es posible avanzar en ambas líneas simultáneamente?
Por ahora, el “gallito” entre Arrau y Crisóstomo dejó algo claro: en Ñuble ya no solo se discuten proyectos, sino también prioridades. Y en una región marcada por brechas históricas, la ciudadanía parece exigir que las decisiones políticas estén cada vez más conectadas con las necesidades reales de las personas.




